En ellas encontramos mundos desconocidos, infinidad de vivencias, situaciones complejas que requieren atención y mediación. El aula de clase no son cuatro paredes, ni lindos tableros o sillas roídas por el tiempo y los rayones o escritos que en ellas se plasman. El aula de clase es un encuentro con lo desconocido porque nunca sabemos que va a pasar, así se tenga todo fríamente calculado. El aula de clase me inspira; porque en ella construyo discursos y los transmito, me remonto al pasado y vuelvo a el presente. El aula de clase es un escenario diverso, donde la confrontación es posible.
El habitar un aula de clase requiere de reflexión y capacidad crítica para no dejar pasar por alto lo realmente importante; también requiere criterio y carácter para poder asumir con responsabilidad nuestros actos y no buscar culpables lejanos o ausentes.
Cualquiera puede acceder a un aula de clase, pero pocos pueden asumirla, vivirla, pensarla; soy docente y el aula de clase me hace feliz como también infeliz. El aula de clase para muchos es un lugar oscuro que no les plantea nada; tal vez profano y fugaz. Para otros en cambio es un lugar lleno de expectativas y claridad que les permite encaminarse por la senda del conocimiento.
Es complejo, pero en ella se observan fanatismos, crueldad, arrogancia, estupidez y también asombrosas actitudes; en definitiva el aula de clase es el reflejo de una sociedad decadente, llena de vicios y sentimiento bajos; a su vez hace manifiesto que hay mucho que hacer, que hay esperanzas, que no todo esta perdido, que hay buenos seres humanos conscientes de su realidad y de su historia; es por ellos que soy docente y que me permito reflexionar constantemente sobre mi quehacer en el AULA DE CLASE.
Alexandra Pinilla